miércoles, 1 de junio de 2011

Cine de ayer... y de hoy

Radiografía del horror y la bondad humana


La lista de Schindler

Director: Steven Spielberg
Guión: Thomas Keneally (libro), Steven Zaillian (película)
Año: 1993
Duración: 195 minutos
Reparto: Liam Neeson (Oskar Schindler), Ben Kingsley (Itzhak Stern), Ralph Fiennes (Amon Goeth), Embeth Davidtz (Helen Hirsch), Caroline Goodall (Emilie Schindler)

Esta película es una de las razones por las que amo el cine. Quién me conozca sabe que siento una total admiración hacia ella. Creo que pocas películas son tan humanas, tan poderosas, tan necesarias como esta. Steven Spielberg, director de referencia donde los haya, creo que alcanzó la gloria haciendo justicia a una temática que le tocaba bastante de cerca, y han venido y podrán venir muchas películas sobre el fascismo y el nazismo, pero ninguna será tan redonda como 'La lista de Schindler'.

Polonia durante la II Guerra Mundial. El movimiento nazi controla todos los estratos de la sociedad. Oskar Schindler, un avaricioso empresario alemán, comienza a preocuparse por la situación de los judíos tras presenciar las persecuciones a las que están sometidos. A partir de aquí Schindler convierte su fábrica en una tapadera para mantener a salvo a cuantos judíos pueda, evitándoles una muerte segura en Auswitz.

No es fácil ver una película como 'La lista de Schindler'. Quizás, yendo un poco más allá tampoco sea una experiencia placentera, pero lo que sí es es necesaria. Necesaria porque Spielberg nos hace partícipes del horror que vivieron millones de judíos bajo el yugo de Hitler; nos hace sentir en nuestra propia piel el dolor, el sufrimiento y la desesperación de millones de nombres y números, a los que ponemos cara y a los que acompañamos en su viaje hacia la liberación, la agonía o en el peor de los casos, la muerte. Sentimos miedo, rabia, impotencia, y finalmente, alivio y felicidad. Esa es la gran virtud de la película, hacernos partícipes, dibujar perfectamente los personajes y las situaciones, y trasladarnos la magnitud de esta barbarie.

La realidad retratada es dura, y quizás por ello algunas personas sientan cierto reparo a la hora de verla. Spielberg no pretende dulcificar los hechos, quiere dejar para la historia una prueba de lo que ocurrió en Polonia durante la II Guerra Mundial. En pantalla vemos ejecuciones, cuerpos amontonados en fosas comunes, personas que han dejado de serlo para convertirse en poco más que esqueletos andantes. Todo ello es necesario para comprender el horror nazi.

Si bien la película es profundamente deprimente, también es testamento de la bondad que todavía queda en el ser humano. Oskar Schindler representa una luz que se abre paso en la oscuridad más absoluta. Es la luz de esos 1100 judíos que hubieran acabado siendo pasto de las llamas en los crematorios de Auswitz. No podemos sino emocionarnos como si fuéramos uno de esos judíos que Schindler consigue salvar del terror nazi.

Todo esto es posible gracias a la determinación y al talento de Steven Spielberg. Con un guión excelente, consigue capturar las emociones, los sentimientos, sumergiéndonos en su historia. Se toma su tiempo para narrarnos los acontecimientos, y es de agradecer, porque sólo podemos identificarnos con los personajes conociéndoles. Dirige con mano firme, sin recrearse en la violencia, pero sin intentar ocultarla. No hay diálogo más largo o más corto de lo necesario, no hay plano que sobre o que falte. Su labor como director es absolutamente perfecta. Y otro gran acierto es la decisión de presentar la película en blanco y negro. Después de muchos visionados, no me imagino la película en color, pues el B/N nos acerca temporalmente a los hechos, y nos sumerge en un ambiente más opresivo, más gris, en definitiva, más real. Para quienes hayan visto la película, es especialmente demoledor el único uso del color que se hace en todo el metraje (si obviamos las velas del principio). Pocas veces un detalle aparentemente tan pequeño ha conseguido golpearme tan poderosamente.

Mención aparte merece el reparto. Todos y cada uno de ellos están espectaculares. Liam Neeson hace el papel de su carrera como Oskar Schindler, interpretando perfectamente su faceta más avariciosa y empresarial, y más adelante su conversión hacía esa especie de 'mesías', roto por el dolor y la culpa. Ralph Fiennes dedica cuerpo y alma para encarnar a Amon Goeth, personificación de la maldad más absoluta, y un personaje arriesgado, pues cabía el riesgo de caer en la caricatura. Sin duda le quitaría el Oscar a mejor actor de reparto a Tommy Lee Jones por el Fugitivo y se lo daría a Fiennes, pues su creación es de las que pasan a las historia. Ben Kingsley pocas veces estuvo mejor, interpretando a ese bondadoso y siempre correcto Itzak Stern, un personaje que aprendemos a querer desde el momento en el que entrar en escena. Por último, pero no por ello menos importante, tenemos a Embeth Davidtz. Cada vez que vuelvo a ver la película me maravillo más con su interpretación. En parte, su personaje, Helen Hirsch, es el alma de la película, y sin duda es uno de los que más recordaremos una vez empiecen a aparecer los créditos. Davidtz interpreta a Hirsch con las justas dosis de fragilidad, determinación y resignación, por lo que para mí es uno de los descubrimientos de la película.

Obra maestra, y una de las películas que se ha ganado por derecho propio un lugar en la historia del cine, 'La lista de Schindler' es un visionado obligado para todo aquel que ame el cine o que sea un ávido buscador de las buenas historias, que trasciende la pantalla para convertirse en una experiencia transformadora. Para un servidor, es, sin lugar a dudas, una de las mejores películas que ha visto jamás.
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